Se dice que lo que más te molesta de otra persona es algo que tienes o algo que quieres.

 

Reconozco que la primera vez que escuché esta frase me picó un poco. Cuesta aceptar que eso que detestas, lo que más te saca de quicio, es también parte de ti, o peor aún, no lo es y lo deseas tanto que lo desprecias en otros para no sentir su carencia. Entre muchas actitudes que me molestan voy a elegir una para que sirva de ejemplo: La lentitud, me pone especialmente nerviosa las situaciones que no avanzan, los resultados que se hacen esperar y las personas que trabajan despacito. Aquí el primer paso: Observar lo que me molesta.

 

Las personas y situaciones “espejo” se encargan de aparecer en nuestras vidas para recordarnos esa parte de nosotros que no reconocemos. La gracia está en el efecto rebote, ya que cuanto más las rechacemos con más fuerza aparecerán. Voy a por el segundo paso para encontrarme con mi yo más profundo: Darme cuenta de que si estoy rodeada de lentos y si tengo situaciones que se deslizan sin prisa, sí no es casualidad.

 

Es un potente ejercicio de humildad y honestidad  reconocer que eso que me exaspera en los demás también es mío. El resultado me lleva al conocimiento, a la aceptación y a la mejora. Soy más indulgente con los demás, no juzgo y dejo de perderme en críticas ajenas para focalizarme en mí. Esto ya me va a llevar un poco más de tiempo…Tercer y último paso: Actuar! Esta mañana voy a hacer unos trámites en la administración, el cosmos sabe que salgo de casa con tiempo, sin prisas y predispuesta a aceptar los ritmos de trabajo ajenos. Hoy decido ser paciente y disfrutar del día en modo caracol.