Si piensas que ser minimalista es lo contrario de ser abundante, es que no te lo han contado bien.

Ser minimalista no es andar pasando necesidades y quedarte metida en una cueva para no gastar. Cosa que si te hace feliz no voy a criticar. Aunque para mí ser minimalista es vivir sólo rodeada de lo que me da felicidad, de lo que me gusta, de lo que me resulta útil. Y eso es ser y sentirte abundante.

No es un proceso que en mi caso pueda finalizar en un fin de semana después de revisar el armario y tirar 4 botes caducados. Primero porque no entiendo el minimalismo centrado únicamente en la ropa o los objetos, también lo llevo a las amistades, las app´s, los sentimientos o los proyectos. Pueden parecer muchos frentes, sin embargo están absolutamente relacionados y casi completar unos nos llevan a que otros se complenten.

Por otro lado, el minimalismo está absolutamente entroncando con el consumo sostenible, el reciclaje y el zero waste. Aquí la cosa se complica, porque además de comprar y consumir sólo lo necesario, quieres hacerlo de forma que tenga el menor impacto posible en la naturaleza. Y no es tan sencillo.

Y entonces es cuando te miran como si el espíritu de una abuela tacaña te hubiese poseído. Y podría explicarme pero no siempre lo hago, porque me cansa un poco que después de emocionarte contando porqué usas un bote de cristal de tupper en vez de uno magnífico de plástico te acaben diciendo que más contaminan las empresas. Sí, lo sé. También sé que hay más plástico en el mar que peces y me gustaría pensar que cuantos más seamos rechazando bolsas de plástico en las tiendas y dejando de coger cafés de máquinas de vending o no comprando 15 camisetas sólo porque están a 10€, igual dejábamos el planeta un poquito mejor de como está ahora.

¿Por que de qué sirve tener un mega-cochazo si respiras alquitrán y tienes los pulmones como el chapapote? ¿Te sientes abundante sentando en el sofá de casa comiendo productos llenos de conservantes y colorantes mientras te rodeas de un montón de tejidos y productos tóxicos? Cuando imagino mi hogar ideal lo ubico en el campo, con mi propia huerta, mis árboles frutales y consumiendo productos locales. Una casita pequeña, que no me lleve mucho tiempo recogerla, con lo básico, cómoda y sencilla. Un armario con pocas prendas conjuntadas y que me sienten fenomenal. Un sitio para poder reunirme con mis amigos y familiares. Espacio para que mis mascotas puedan correr. Tener cerca caminos para pasear. Olor a pinos. Colores intensos de amapolas y lavanda. A ver quien me dice que eso no es ser abundante!

Y luego están las comodidades del primer mundo, esas que nos llevan a tirar como locos de energía que aunque podríamos, no la sacamos de fuentes no contaminantes. Venga calefacción para que tu casa parezca el trópico en verano y venga aíre acondicionado para llevar jersey en agosto… ¿De verdad? ¿De verdad que llevamos milenios durmiendo en verano con 40 grados y ahora no puedes? Tal vez lo que nos pasa es que no estamos cansados. Y no me refiero mentalmente, porque apuesto a que terminamos el día agotados… Sino físicamente. ¿Cuanto ejercicio hacemos? Escaleras mecánicas, coches, ascensores,… ¿Cómo duermen los niños en verano? Como troncos, en especial si han pasado el día en la piscina tirándose al agua o corriendo con sus amigos en el parque. Poder pagarlo no nos da derecho a derrocharlo. No ahorras dinero, ahorras planeta.

Lo de las celebraciones ya es otro nivel. En un par de meses será navidad y parece que se acaba el mundo. Comemos, bebemos y compramos como si no hubiese un mañana. Luego por supuesto llega enero y hay que apuntarse al gimnasio para perder lo que has acumulado y apretarte el cinturón porque se te ha ido la mano con un montón de compras que no necesitabas para nada. ¿Alguien se puede sentir realmente abundante con deudas?

Y todo eso lo tenemos tan normalizado que cuando te quieres salir de ese derroche energético, de ese gastar por gastar y comer por comer, de ese acumular para tener más que nadie, lo más caro, lo más grande, lo último que ha salido,… No serás la más guay, pero sí la que más paz interior tenga.

Y claro que tengo plástico y más ropa de la que me pongo. Como he dicho es un proceso lento pero constante de cambio. Reutilizar lo que ya tengo, darle nuevo uso, donar lo que puede servir para otros y sobretodo no generar más residuos es mi camino. En definitiva, tener menos para disfrutar más de lo que tengo. Minimalista y abundante.

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