He vuelto a la universidad. Estaba más que ilusionada por comenzar psicología, llevaba años queriéndola estudiar. Cuando me compré los libros e iba de camino al metro me sentí feliz, con la sensación de que estaba haciendo lo que quería y que ése era mi momento. Abrí los libros y me acordé de mi amiga Yolanda, que siempre decía que le encantaba el olor a libro nuevo y les forraba a sus hijos los libros sólo para olerlos. Me acerqué al libro con más páginas “Psicología de la Motivación” e inspiré muy cerca de él, como queriendo atrapar su esencia, aunque sólo me llegó un poco de olor a tinta y, venga vale, también a nuevo. Sin entender la fascinación de Yolanda, me senté en un banco del andén y lo hojeé por encima mientras esperaba en la estación sin ninguna prisa a que llegase el metro.

Ya de camino a casa pensé en cómo me iba a organizar, en los ratos que iba a sacar para estudiar, en ir a clase, en cuántas asignaturas me iba a coger el año siguiente… Llamé a mi hermana porque la felicidad compartida es doble felicidad, y le di las gracias, mentalmente y ahora por escrito, por hacerme pensar dos veces de cuantas asignaturas matricularme.

Mes y medio después, sin perder la ilusión, más que nada porque la llevo de serie, ayer domingo me empecé a agobiar un poquito. ¡Y me hizo mucha ilusión!, que yo soy así: me matriculo en psicología y me ilusiono, luego me agobio al ver lo que tengo que estudiar y me ilusiono también.

 Y es que antes me entraban las prisas a un mes de los exámenes y ahora a casi tres. Entonces ha salido la coach que llevo dentro y me he hecho un plan de acción que ya me veo sacando dieces en enero.

Luego me he acordado de Constanza y de nuestros apuntes “paseados”. Allá adónde íbamos, nuestros apuntes nos seguían, que les echásemos un ojo o que no saliesen del bolso ya era otro tema. Eso sí, que palizón les dábamos las últimas semanas…

Me he acordado de Bea e Inés, que también han vuelto a la universidad y que espero que ya tengan organizadas las tardes de estudio. Chicas, ahora en otoño, calentitas en casa y con un té, ¡lo de estudiar está hecho!