El viernes  vi una exposición fantástica de fotografía y otra también estupenda de Dalí, aunque la verdad, tanta gente mirando lo mismo me mareó un poco. Cuando observo arte, siempre lo relaciono con creatividad, pero también con valentía. Y es que lo que se crea, no siempre va a gustar, ni siquiera siendo Dalí. Si hay obras de genios que miramos y no nos dicen nada, o nos parecen un bodrio, ¿a qué tanto miedo y tanto ponernos límites en nuestro día a día?

El miedo a las críticas

 

Querer gustar a todos es no gustar a nadie, así de simple. Las críticas son sólo una opinión, no es una verdad absoluta. Siempre habrá críticas sobre lo que hagamos, una buena opción es escoger las que estén justificadas y sacar provecho de ellas. Quedarse sólo con lo que nos sirve y lo que no, ¡fuera!

El miedo a no estar a la altura de lo que los demás esperan o a ser criticado puede hacer que no compartamos ideas, más o menos acertadas, que llevamos dentro. Es posible que tengamos ideas que no sirvan para este momento, pero alguien las puede aprovechar en un futuro o puede hilar algo diferente y más útil para el presente a partir de esa primera idea. Y si no, ¡qué más da! Estás entrenando tu hemisferio derecho, tu parte creativa.

 

¿Para qué me sirve ser creativo?

  • La creatividad nos permite imaginar soluciones distintas para un mismo problema.
  • Nos desarrolla el sentido del humor. Aprender a reírnos de ciertas situaciones o de uno mismo nos ahorra enfados y libera estrés.
  • Tendremos una vía para plasmar sentimientos y emociones.
  • Ayuda a re-encuadrar situaciones, a darles la vuelta y a sacar el lado positivo.
  • Como personas y profesionales nos diferencia y nos hace innovadores.
  • La creatividad propia nos hace sensible a la ajena. Vamos a ser capaces de reconocer las buenas ideas en los demás y adaptarlas a nuestras necesidades.

¿El creativo, nace o se hace?

En ocasiones establecemos una asociación única entre la creatividad y la infancia, y es que los niñ@s vienen con ella de serie, en mayor o menor medida y depende del entorno en el que se desarrollen para mantenerla en la etapa adulta.

Los niños observan, experimentan, sacan sus propias conclusiones, aunque no sean acertadas.

 Un niñ@ requiere un ambiente ordenado, dónde pueda encontrar con facilidad sus pinturas o recortables y un espacio en el que desarrollar sus artes y exponerlas para que sean admiradas. Hay que huir de los entornos rígidos que dirigen los juegos infantiles y dónde el niñ@ está a merced del juguete y no al contrario.

Visitar museos, exposiciones, leer libros, pasear por un entorno natural y buscar pequeños tesoros para crear murales, mirar la ciudad con ojos distintos, inventando historias mientras caminamos o conducimos hacia el colegio. Escuchar sus historias y sus sueños, permitirles de vez en cuando elegir que ropa se van a poner… Existen tantas maneras de fomentar la creatividad como niñ@s.

Creatividad en los adultos

 

Ser creativo también es una cualidad deseable en los adultos y del mismo modo se puede fomentar.

Aprender a liberarnos de la rigidez de algunas costumbres nos trae un soplo fresco a nuestras vidas. Desayunar lo que me apetece y no lo que desayuno siempre. Probar a ir por un camino diferente. Despertar un domingo por la mañana y quedarme leyendo en la cama. No son grandes locuras, no, pero ¿Cuántas veces hacemos las cosas sin tener el piloto automático encendido?

Por mucho que cambie de desayuno no voy, como por arte de magia, a comenzar a sacar fotografías como Ori Gersht ni a ser una virtuosa violinista, claro. El artista tiene más ingredientes que la creatividad: la pasión por lo que hace, la constancia en su esfuerzo y muchas horas dedicadas a su obra.

Hablo de una creatividad que me facilite el día a día, que me permita asociar ideas y crear algo nuevo o sacar lo mejor de cada momento.

Al igual que en los niños, visitar exposiciones o leer nos ayuda en nuestros procesos creativos, pero también lo hace hablar y escuchar ideas nuevas de personas diferentes con las que tenemos contacto habitualmente. Reconocer que nuestra forma de hacer las cosas, ni es única ni es la mejor.

Y tiempo, y para mí el tiempo es paciencia. Mi trabajada paciencia. La paciencia que hace que no abras el horno antes de tiempo o que consultes un artículo más antes de entregar un proyecto.

Y si a la primera no obtienes el resultado esperado, insiste, cambia algún paso, pide opinión a alguien de tu confianza, observa cómo lo hacen otros, date un paseo y míralo con otros ojos.

Todos somos creativos. Todos tenemos dentro un genio, dejémosle salir más a menudo.