Es muy posible que cada vez que has tenido un sueño, un proyecto de futuro, alguien a tu lado te haya recordado el cuento de la lechera. Es una manera rápida de traerte a la realidad, de decirte que las cosas no pueden cambiar, que no te muevas de tu zona de confort porque lo perderás todo.

Con el tiempo ya no hará falta que nadie te lo diga porque tú mismo romperás la magia del sueño con el recuerdo del cuento de la lechera y sus lamentos al ver derramados sus deseos.

Es verdad, a la lechera se le cayó el cántaro y se quedó sin leche, sin nata, sin huevos, sin pollitos, sin vestido verde y sin bailar con el hijo del molinero. ¿Pero qué hubiese sido de la lechera si hubiese tenido un coach?

Un coach le hubiese hecho ver que no ha sido un fracaso sino un resultado inesperado y  que le ha generado un aprendizaje.  Con una conversación sencilla pero con preguntas potentes de su coach la lechera hubiese hecho un plan de acción, teniendo en cuenta los obstáculos del camino y siendo consciente de sus fortalezas. Tal vez hubiese decidido ir con más cuidado para no derramar la leche y pedir ayuda a la vecina para hacer la nata. Es probable que decidiera montar una granja y olvidarse de impresionar al hijo del molinero. Lo que es seguro es que hubiese tomado la mejor decisión posible  y se habría dirigido a ella con paso firme, buscando el mejor camino, centrada en el cántaro, con la mirada en su objetivo, en su meta. Durante el camino no hubiese estado sola, su coach habría estado a su lado, recordándole que si lo ha visto, aunque haya sido en sueños, ya existe, ya es realidad.