El lunes comienzo el Camino de Santiago. Voy a hacerlo con mi pareja, saldremos desde Ponferrada y después de la llegada a Santiago continuaremos hasta Finisterre. Si todo va bien y lo terminamos, serán dos semanas muy intensas, no sólo en cuanto al esfuerzo físico de recorrer andando casi 300 km, sino también por la intensidad de pasar 24 horas al día pegados el uno al otro. Es nuestro segundo Camino juntos, así que ya sé lo que me voy a encontrar.

 

Por ocio o por trabajo es mucho el tiempo en el que no coincidimos, y en ocasiones el que pasamos juntos lo compartimos con familia o amigos. Dicen que después de las vacaciones o en la jubilación se incrementa  el número de rupturas. Parejas que cuando tienen que estar juntos, solos el uno con el otro, se dan cuenta que no se soportan o que se aburren terriblemente.

 

Supongo que hay muchas claves para que una vida en común funcione, para estar deseando llegar a casa y contarle a la persona con la que vives lo que te ha pasado, escuchar cómo ha sido su día o simplemente quedarte acurrucado a su lado en el sofá. Seguro que habrá  tantas claves como parejas. En nuestro caso, lo fundamental ha sido tener claro un objetivo común, el saber para qué estamos juntos, teniendo la certeza de que cada paso nos hace estar más cerca de lo que queremos. Como en el Camino, aunque te haces una idea de la ruta mirando el mapa, siempre surgen sorpresas, situaciones que se resuelven mejor en compañía y  momentos que cuando los superas te hacen más fuerte.

 

Si importante es en una pareja tener un objetivo común, también lo es respetar los objetivos y las metas individuales de cada uno. Una relación de pareja que se forja en la amistad es una pareja fuerte, que habla con honestidad y respeto, que no compiten entre sí y que se alegran del éxito del otro porque lo sienten suyo. En el Camino, iremos horas hablando, escuchándonos y también disfrutando del silencio. Unas veces juntos y otra distanciados unos pasos. Serán momentos maravillosos para afianzar nuestra amistad y para crear recuerdos comunes y como no, para pasar instantes de reflexión y de mirada hacia dentro, para seguir creciendo y llenándome de experiencias por dentro , porque sólo puedo dar lo que tengo.

 

Hasta aquí todo bien, y se quedaría así si en lugar de nosotros hiciesen el Camino Barbie y Ken. A ellos no les saldrían ampollas en los pies, no sudarían ni se equivocarían al coger un desvío. A nosotros sí, y además estaremos cansados tras andar 30 km con una mochila de 7 kilos, es probable que lleguemos tarde a algunos albergues y nos toque dormir en el suelo o que no calculemos bien el agua y pasemos sed. Y surgirán conflictos y estos nos darán la oportunidad de poner en práctica nuestras mejores artes de convivencia:

  • Caso 1 (enfado). ¿Qué ahora estás muy enfadado y un tanto ofuscado para hablar?, pues te tomas unos minutos para rebajar pulsaciones y normalizar respiración y ¡hale! Seguro que ahora lo vemos desde una perspectiva diferente o incluso ya no nos parece importante.
  • Caso 2 (hemos dicho o hecho algo que ha ofendido al otro). Aquí el mejor remedio es la prevención. Olvídate del dicho: “las palabras se las lleva el viento”. Si de verdad lo que vas a decir no os va a hacer más felices, es preferible pasar hoja.
  • Caso 3 (nos han dicho o hecho algo que nos ha ofendido). No se puede vivir en el rencor, bueno, sí se puede, pero yo no lo llamaría vida. Busca un buen momento y las palabras adecuadas para decirle al otro lo que te ha molestado y aprovecha para explicarle como te gustaría que actuara la próxima vez. Suelta lo que no te ayude a sentirte bien, no le des poder a nada ni a nadie para controlar tus pensamientos.

 

Bien, teoría clara, ahora nos queda la práctica y el disfrute del Camino. Es increíble lo poco que necesitamos para ser felices y de todo lo que nos empeñamos en rodearnos cuando buscamos esa felicidad fuera de nosotros. Este año la mochila es más ligera y es que cuanto menos peso cargas, más fácil te resulta caminar hacia tus sueños o a Santiago, ¡qué más da!, la vida es un camino, la meta la eliges tú.