Nos enfadamos con los terremotos, el cáncer y los choques en carretera. Nos sorprende la muerte, esa muerte que parece a la que sólo tienen derecho los viejos y que los más jóvenes quieren-pueden-deben esquivar.

Una vez escuché decir que la muerte de un hijo no es antinatural, que la muerte es lo más natural que hay, porque inesorablemente va unida a la vida. Joder, soy madre, madre en un país desarrollado, no puedo ni imaginarme, sin que se me hiele la sangre, que mi hijo pueda morir antes que yo. Sin embargo es cierto, la muerte es algo natural.

No os voy a hablar de penas, ni de porcentajes, ni estadisticas. Os quiero hablar de vida. De esa vida que posponemos para cuando tenga trabajo, llegue el fin de semana, termine la carrera, tenga pareja, adelgace-engorde, no llueva, gane más dinero, …Nos creemos eternos, inmortales y sin embargo todo puede cambiar en un instante. ¿Porqué nos guardamos de ser felices? ¿Pensamos que la felicidad se acaba?

Algunas veces me pregunto si sabemos vivir, desde luego morir no. Pero por ahora me preocupa más lo primero. Extraña programación mental que nos lleva a odiar los lunes, sobrellevar martes, miércoles y jueves, alegrarnos el viernes, disfrutar el sábado y deprimirnos el domingo. ¿Quién te ha engañado? ¿Qué le pasa a los lunes? Acaso no son un día como otro cualquiera para enamorarse, disfrutar de una buena cena o ver a los amigos. Un año tiene 52 semanas, 52 sábados de 365 días que tiene un año. Tú verás si te compensa.

Luego está lo que no haces o dices por miedo a lo que piensen los demás. Cierto, algunas veces hay que ser muy fuerte para pasar de las críticas, o simplemente pensar que los demás tienen una vida de la que ocuparse, la suya, y si andan olisqueando en la tuya, peor para ellos. No juzgues y no serás juzgado. Eso dicen, ¿no? Bueno, no juzgues y no perderás un tiempo precioso. Cada vez me importa menos lo que los demás piensen de mí. Los únicos a los que escucho son mi familia y unos pocos amigos, y ellos no me juzgan, opinan. Y sinceramente, tampoco me dejo influenciar demasiado, no han sido pocas las decisiones que he tomado basándome en consejos y comentarios y siempre me quedará pensar que hubiese pasado de haber seguido mi instinto.

El pasado recurrente es un ladrón de tiempo, de vida. Cada minuto que vives en el pasado es un minuto perdido. Me da igual que haya sido maravilloso o patético, el caso es que ya no está y ésto no es una peli de James Bond, aquí el pasado no vuelve. Cierra capítulo y haz limpieza, la de bayeta y cepillo también vale. Si te has separado, saca fuera de tu casa lo que te recuerde a la otra persona. Si tu cuerpo ha cambiado, deshazte de la ropa que no te sirve.

Luego está lo de perderse en ensoñaciones y olvidarse del aquí y ahora. Reconozco que antes de practicar mindfulness y de descubrir el coaching me flipaba imaginar un futuro ideal, sin embargo me quedaba ahí, porque la mayor parte de las veces no pasaba de la planificación, me costaba transformar la emoción en acción. Vidas maravillosas que de poco sirven si nunca salen de tu cabeza. La solución es sencilla, pregúntate si lo que estás haciendo te acerca o te aleja de tu objetivo. Ponte las pilas si no te gusta la respuesta. 

La vida es maravillosa hasta que te la complicas. Sip, discutimos por tonterías con quien menos nos conviene, nos metemos solitos en unos berenjenales de aúpa por no saber decir que no, nos negamos auxilio por orgullo, odiamos sin saber que nos herimos a nosotros mismos, no perdonamos dejando que la ira eche raices… Nada es tan importante como sentirte bien, como conectar con quien eres y donde estás en este preciso y precioso momento.

Fluye, acumula experiencias, siente, ama, disfruta. La vida, tu vida, puede cambiar en cualquier instante.